Going East: nos vamos para Georgia

Me deje el cepillo de dientes en casa. Me di cuenta justo antes de salir, pero no iba a regresar por el, no me daba tiempo ni me valía la pena.
Aeropuerto, check in, tengo hambre,
-su vuelo era para ayer señorita- y entonces todo deja de fluir y piensas lo peor: no voy a poder a ir. Un frío escalofrío recorre mi espalda. El visado, el seguro…lo había hecho todo y también había hecho esta máxima cagada suprema.
Pero con dinero baila el perro y después de una multa todo arreglado.
Saltemonos Istambul donde casi perdemos el vuelo. Saltemonos también la conversación con el matemático georgiano que hace turbinas, que vivió en Cuba y al que no le gustan los alemanes. Tbilsi 4 a.m.
Vayamos directamente al viaje de 4 horas en una camioneta helada por las montañas que separan Georgia con Turquía y donde el gas corre por tuberías amarillas que dibujan el paisaje cual cuadro de Mondrian.
Conforme sube el sol subimos la montaña. Nos cruzamos con un tren eléctrico que parece de juguete. Campos de refugiados y un camión de película soviética en una gasolinera iluminada de neón.
Por fin en Bakuriani (destino final) nuestra Posada promete buena comida ( y cumplió).
El chofer que se dormía mientras conducía se vuelve ipso facto a la capital, esperemos que llegue con bien.
Un perro tumbado al sol y un cachorrito que le imita.
El blanco de la nieve deslumbra.
Yo estoy en la cama, y me acabo de acordar que no traigo cepillo de dientes.
Son las 10 am y me voy a dormir.
Bienvenidos a Georgia!


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