Ignacio Uriarte

A-4 and A-5 blocs each 32 x 21 cm (A-4) or 21 x 14.8 cm (A-5)

 

http://www.ignaciouriarte.com/works/index.html

Artículo en Tempestad
Número 79 Julio-Agosto 2011
por Willy Kautz

“Podríamos decir que el concepto de política en el arte no se refiere únicamente a los dispositivos que de forma literal toman por tema la contingencias históricas. El retorno de lo político suena a una hecatombe de imposiciones que resguardan la ética del arte ante experiencias estéticas desinteresadas, como si de un momento a otro fuera necesario despertar al león”, ya que no hay “otra cosa” de qué hablar.”

“la coyuntura del arte en la época de la plenitud de su forma mercantil, cuando el arte crítico se fusiona con al vida a través del filtro de la moda. Esto es el triunfo de la estetización de las crisis sociales como mecanismo de abolición de la autonomía.”


buscando espacio 1. Inquilina

-Aquí cada inquilino tiene su módem.-

Dijo tajantemente.

Después disimulo sonarse la nariz tapándose la boca y media cara con un pañuelo. Así, era más fácil enfrentarse a mi reacción:

Incredulidad-negación-pánico depresivo-culpa- y resignación.

Los pasos del duelo a mi vida como una internauta y persona comprometida con las adicciones de mi época, por las próximas dos semanas NO TENDRE INTERNET (en casa, aún no me he vuelto ermitaña).

Subí las escaleras con un educado buenas noches y arrugando compulsivamente el pequeño papel sin culpa y sin WAP.

Una razón menos para tomarle cariño a ésta habitación alquilada con dos paredes de concreto y dos de madera.

Y a ésta casa.

Un par de visionarios abuelos llenan un inmueble de recuerdos, heredando a su plebe un almacén de atrezzo vintage del cual se abastecerán todoas loas modernoas de Condesa (barrio chachipiruli deldefe)  y alrededores para sus producciones videocliperas de aquí unos meses (de la mano de la Mark-II y de algún plug-in para FCP inventado por Lomography).Pero no lo sabían cuando lo hicieron y su plebe no se dará cuenta hasta que hayan regalado la mitad de los muebles en un intento por remodelarla.

Y yo estoy aquí con ganas de que sean las 7 de la mañana para salir a explorar sin parecer sospechosa.

(aquí fotos)

Si me gusta algo lo suficiente, intentaré comprarlo.

(aquí sobre el regateo de la primera pieza de mi departamento en Eldefe)

Llegue a ésta casa de huéspedes en busca de un espacio para mí.

Llevaba casi un mes viviendo en casa de amigas que tenían o bien un bebé, o dos chihuahuas, o un marido, o un hermano, o principalmente una vida. Una vida que no me gustaba usurpar con mi soberbia presencia que siempre tiene un comentario que hacer.

Así que traicionando lo más profundo de mi ego, y al no encontrar AÚN el departamento  perfecto (si no es perfecto, dentro de las humildes y simples condiciones que exijo al lugar donde me voy a comprometer y prácticamente a obligar a vivir durante el próximo año, no quiero nada) decidí buscar un habitación temporalmente.

Yo he compartido piso. Muchas veces. Con mucha gente. Sé lo incómodo e impráctico que es tener compañeros temporales por un mes y por un par de semanas y con una estancia indefinida que no te deja hacer ni dejar de hacer. Y no quería ser esa persona.

Así que opte por la casa de huéspedes que mencionó una amiga.

Entrar a la casa de una familia en éste país, puede ser equivalente a entrar en un monasterio o claustro en otra parte del mundo, pero sin hora oficial de llegada.

El hecho de que pagues, a diferencia de un hotel, no te hace dueño y señor de todos los espacios y enseres de ésta casa. Los espacios comunes, son comunes en tanto que espacios de tránsito común. Las actividades que realices en estos espacios se restringen a lo que se haya acordado como común de los huéspedes y que no forzosamente tiene que ser común de la familia encargada.  Hay una clara diferencia en cuanto al derecho que se tiene sobre algunas cosas o espacios y eso me pone un tanto incómoda.

Pero menos incómoda que compartiendo la habitación con otras tres personas por el mismo precio que ahora pago por estar sola (como fué el caso de una habitación que me enseñaron en la Roma).

Me acompañan mis cosas y los ruidos de la calle que se cuelan ligeramente por la ventana (correción una hora más tarde: es como estar en una sala de foley donde graban una y otra vez el despegue y aterrizaje de un avión) .

Sola.

Hace mucho tiempo que no estaba completamente sola.

Sola.

La última vez, en un aeropuerto recién llegada de otro continente.

Sola.

Esa madrugada tampoco me podía comunicar con nadie.

Sola.

Entre la distancia incómoda que mantendré con ésta familia (supongo, las relaciones siempre están llenas de sorpresas) y la falta de Internet (cuya conexión con el mundo en realidad ésta creada en mi cabeza a base de inputs aleatorios que bien podrían ser mentira) me estoy permitiendo por primera vez, crear un espacio para estar conmigo misma.

Miro los trozos de pintura cuarteada del techo y parecen que me invitan a descubrir el lienzo que se esconde debajo, a desgarrar de un solo impulso esos telones que seguramente son más míos que de las paredes.

(foto)

Lo primero que me vino a la mente cuando me dijeron que no había wifi (es un lujo que no debería volver a dar por sentado) fue la palabra OBSTÁCULO, y mi mente rápidamente creo el hipervínculo a la película de Jörgen Leth confabulada por Lars Von Trier, The Five Obstructions, donde Leth tiene que volver a hacer (verbo remake) su película The Perfect Human (1967) cinco veces, cada vez con un obstáculo distinto.

Como mi cabeza es lo suficientemente confabuladora como para no necesitar de un Von Trier (ya vendrán los discípulos malvados), comenzaré éste proceso/viaje creativo con un obstáculo que ha sido siempre mi gran herramienta pero también mi gran muleta; vivir sin (tanto) Internet.

A ver cuanto aguanto.

No, no me pienso aislar, aún no y no así.

Por primera vez en mucho tiempo escucho con claridad los ruidos de mi cabeza y parece que se empieza a escuchar una voz que ésta vez no me puedo negar a escuchar.