Slow Action – Ben Rivers

40 min. 2010

Vista en Ambulante 2012, de lo mejor que he visto últimamente, está película de ciencia ficción post-apocalíptica coquetea con el documental etnográfico, el newsreel, el documental de estudio y el falso documental . Su punto de partida es genial, en un futuro algunas utopías, algunos no lugares evolucionarían al margen en archipielagos o islotes creando medios ambientes peculiares y mini sociedades.

Vale la pena verlo y tener paciencia.

Más info en Picture This

From BEN RIVERS MAKES FILMS (http://www.benrivers.com/slow.html)

Slow Action is a post-apocalyptic science fiction film that brings together a series of four 16mm works which exist somewhere between documentary, ethnographic study and fiction.

Continuing his exploration of curious and extraordinary environments, Slow Action applies the idea of island biogeography – the study of how species and eco-systems evolve differently when isolated and surrounded by unsuitable habitat – to a conception of the Earth in a few hundred years; the sea level rising to absurd heights, creating hyperbolic utopias that appear as possible future mini-societies.

Slow Action is filmed at different sites across the globe: Lanzarote – a beautiful strange island known for its beach resorts yet one of the driest places on the planet, full of dead volcanoes and strange architecture; Gunkanjima – an island off the coast of Nagasaki, Japan, a deserted city built on a rock, once home to thousands of families mining its rich coal reserves; Tuvalu – one of the smallest countries in the world, with tiny strips of land barely above sea level in the middle of the Pacific; and Somerset – an as yet to be discovered island and its various clades.
This series of constructed realities explores the environments of self-contained lands and the search for information to enable the reconstruction of soon to be lost worlds.

The film’s soundtrack – narratives by writer Mark von Schlegell – detail each of the four islands’ evolutions according to their geographical, geological, climatic and botanical conditions.

Slow Action, inspired by novels such as Samuel Butler’s Erewhon, Bacon’s The New Atlantis, Herbert Read’s The Green Child and Mary Shelley’s The Last Man, embodies the spirit of exploration, experiment and active research that has come to characterise Rivers’ practice.

Commissioned by Picture This and Animate Projects in association with Matt’s Gallery, London.


Giant Solar Blast Headed for Earth

The biggest solar blast in four years erupted late Monday, and it’s sending jets of charged particles right at Earth.

» Giant Solar Blast Headed For Earth


15 segundos para pasar la reja ente Mexico y EUA vs. Infame McCain

 

definitivamente dejan muy mal al infame McCain…


lobby de un hotel-boutique de moda.

sumergida en mi vanidad, releía el post de ayer. Principalmente para llegar a la parte de la comida, por que hoy, si señores, hoy logre cenar lo que me había propuesto de desayuno!

Bueno, sumergida en mi vanidad lo releía y me encontre con ésta frase “lobby de un hotel-boutique de moda.”

Creo que no hay frase que más anacrónica. Lobby, hotel-boutique, moda.

Hace muchos años el lobby dejo de ser un espacio, para convertirse en varias personas, lobbies. Hotel-boutique, ¿por dónde empiezo? Temático y buen gusto no pueden definir el mismo sujeto. Y moda, es una palabra que sea ha dividido y ha dejado de ser el conglomerado de tendencia social + tiempo, en una sola palabra. No hay moda, hay modas, modos, formas, conceptos, aceramientos, revisiones, retrospectivas, proyecciones etc..

No se que intentaba decir con ello…creo que me refería al chill out (palabra también en deshuso) donde sirven comida fusión (old!)…no se ya como referirme al trendysmo sibarita de ésta ciudad.

Gracias a dios.


comiendo crudo.

Encerrada desde hace unos cuantos días en las angostas paredes de mi habitación, con toda la luz natural que permite la ventana al oscuro pozo que tengo por patio interior.

Horas frente a un ordenador que no se mueve y que hace unos días me dejo de hablar. No está muerto ni nada. Esta igual que yo, sumido en el estatísmo del trabajo de mesa.

Solo se que hace un buen día si me asomo por la ventana para ver el cielo. Azul o blanco, el veredicto es claro.

Mis sentidos están dormidos. La vista la reanimo de vez en cuando con algún video chulo. A falta de momentos de silencio (gracias Spotify) mis oídos están en coma. El teclado parece tener marcadas las grietas de mis huellas digitales. [molaría un teclado en el aire sin ningún tipo de interface táctil que detectara tus huellas digitales y reaccionara a el movimiento de cadad una de ellas]

En fin. Sólo me quedan el olfato y el gusto para satisfacer unas cuantas veces al día.

Qué peligroso vivir just across de kitchen. Pero lo que es más extraño es cómo mi cuerpo ha compensado la falta de estímulos en los otros sentidos, para darme mayor sensibilidad en el único que fijo recibe algo estimulante. Es como el oído para la ceguera.

Mi paladar se ha afinado. Desde Georgia, todo sabe un poco distinto. Cocino distinto. Compenso mejor mi dieta. Tomo más agua. Y lo disfruto. Sobre todo disfruto mucho comer.

Todo tiene la posibilidad de ser sublime, principalmente entre más sencillo y básico sea. El otro día que hice tortillas de maíz me dí cuenta. La tortilla no cabe más que en lo rough, en lo “Ur-“, en lo primario y primordial, podría decir casi en lo primitivo, a pesar del complejo proceso que implica cocinarlas. A lo que voy, es que por más “rústico” que resultase el contexto, jamás me saltaría verlas ahí en medio. En mi imaginario no pertencen al lobby de un hotel-boutique de moda.

Hoy cene un pan con miel y otro con mermelada. Pan de avena. La miel era tan espesa que parecía mantequilla. Corte una pera. Eso era todo.

Mi ideal hubiese sido acompañarlo con un poco de arroz y tkemali (salsa de melocotón). Y en vez de cenarlo, desayunarlo. Un té negro con limón de color naranja.

Hoy comprando naranjas en el supermercado, buscando las dos más anaranjadas (mis ojos no habían visto colores no digitalmente producidos en todo el día), por primera vez me dí cuenta que esas naranjas (en principio…y espero que sea así) venían de un árbol.

Debo admitir, que se me había olvidado. No que si me lo preguntan no lo pudiese decir, pero por un momento pude ver esa naranja cayendo del árbol (artificial o naturalmente, da igual).

Y entonces mirando mi carrito vi que la berenjena también tenía que salir de algún sitio. Me costó mucho a pensar la planta. No sigamos con los espárragos. No tengo ni idea como salen esos. Pero todos vienen en esas bolsas de plástico individuales que evitan que pienses en el proceso que lleva al completo desarrollo de eso que te vas a comer.

Por eso nos mola ir a mercados de estos de plaza ( o por lo menos a mí). Por que todo viene con tierra, todo parece más real. Y además, cocinar requiere de un esfuerzo, que por mínimo que parezca los domingos-en-la-casa-de-fin-de-semana preparando la comida para la pareja que viene a comer porque-se-compro-un-condominio-en-la-playa-de-al-lado existe.

Cuando compras una lechuga en un lugar de estos, te tomas la molestia de limpiar hoja por hoja evitando los animales (entes del infierno! no nos vayamos a comer uno por que comienza el cataclísmo! entes transmisores de las más grandes plagas modernas..etc…etc..), la tierra, raíces en el caso de otro vegetal. Desde el momento en el que la elegimos en el puesto de verdura hacemos un ejercicio de selección en el cual observamos, comparamos, calificamos y elegimos lo que nos meteremos a la boca con el propósito de nutrir nuestro cuerpo, o saciar el apetito.

La bolsa de plástico nos evita elegir. Lo prepara todo para que la elección se haga en base a su valor comercial, precio:dimensión:oferta, no es un análisis cualitativo. Hemos dejado de observar lo que comemos, de saber cómo es, de dónde sale, a que huele. ¿Cómo deben oler unos espárragos frescos? A que huele el jamón bueno, o el flan?

No se que me pasa últimamente, pero entre menos procesos culinarios pase mi comida, y entre menos mezclas de sabores existan, mejor. No tiene nada que ver con la dieta de moda, del hombre de las cavernas….no me gustan las dietas, además ellos solo se refieren a la fuente de origen de ciertos alimentos. No comen pan. Yo quiero comer pan, pero acompañado del menor número de ingredientes posible.

Comí durante 21 años mole. No se me puede culpar del inocente experimento de un paladar simple, estoy segura que es temporal, y que el “sazón” europeo no ha hecho estragos en mí.